30 enero 2012

"Sin una razón por la que luchar, no merece la pena seguir"

El tiempo pasaba lento mientras le esperaba bajo este manto de estrellas, nerviosa como una niña de 6 años, impaciente y temblorosa. Sin pensar en nada más que como pronunciar su nombre al verle.
Y allí entró él, arrasador de todo. 100 personas a su alrededor y solo él relucia. Sintiendo como cuando él se acercaba mis piernas iban flaqueando. Deseaba tenerle cerca. Más cerca aún. y cuando por fin pude reconocer el color de sus labios, sus pecas y las motas verdes de sus ojos castaños, quise tenerle más cerca aún. Mucho más cerca. La ropa me lo impedía.
Comencé a notar su aliento relajado sobre mi cuello, sin comprender su comodidad ante la situación. Y sus besos. Mientras yo deleitaba con sus labios, sentía como le salía una leve sonrisa de la cofisura derecha de su boca. Y cuando terminó su saludo, comprendí que era una despedida. Dándose la vuelta, me dejó con el mejor sabor de boca. Al marcharse oí mi corazón hacerse añicos..

Y ahora solo tengo miedo. Miedo a que roben los besos que aún llevan mi nombre.
Yo siempre amé su locura. A ver si otra loca la ama de la misma manera que yo.
Yo que me propuse ver su sonrisa cada mañana, y su corazón comunicaba. Ahora me arrebatan lo vivido con tanta duda suelta.


No hay comentarios:

Publicar un comentario