Y allí entró él, arrasador de todo. 100 personas a su alrededor y solo él relucia. Sintiendo como cuando él se acercaba mis piernas iban flaqueando. Deseaba tenerle cerca. Más cerca aún. y cuando por fin pude reconocer el color de sus labios, sus pecas y las motas verdes de sus ojos castaños, quise tenerle más cerca aún. Mucho más cerca. La ropa me lo impedía.
Comencé a notar su aliento relajado sobre mi cuello, sin comprender su comodidad ante la situación. Y sus besos. Mientras yo deleitaba con sus labios, sentía como le salía una leve sonrisa de la cofisura derecha de su boca. Y cuando terminó su saludo, comprendí que era una despedida. Dándose la vuelta, me dejó con el mejor sabor de boca. Al marcharse oí mi corazón hacerse añicos..
Y ahora solo tengo miedo. Miedo a que roben los besos que aún llevan mi nombre.
Yo siempre amé su locura. A ver si otra loca la ama de la misma manera que yo.
Yo que me propuse ver su sonrisa cada mañana, y su corazón comunicaba. Ahora me arrebatan lo vivido con tanta duda suelta.




