Todos los recuerdos brotaban por mis sábanas. No había momento del día que olvidara sus besos nuevos; las conversaciones interrumpidas por más besos, esta vez más dulces, más largos. Ni mucho menos olvidar los otros besos, aquellos que te llevan a la locura en cuestión de milésimas de segundo.
Cuando las pestañas se empapaban de lágrimas, se pasaban a limpio mis recuerdos. Se envuelve la tristeza alegremente en un abanico de sentimientos.
Y en mil momentos te pude decir que mi vida era mil veces más viva, y a mi juicio suicidaba, pero no tuve más remedio que dejar el tiempo pasar..
No tengo para darte más que eso: Un cubo de papeles y por un tubo mil besos.
No me siento culpable de tu huida, ni tu encuentro te agradezco. Si puedes quédate. Si te quedas, cuando puedas, cómeme.
Te costará creerlo, pero llegaría por ti a la luna si hace falta. Te daría lo que no tengo, te daría lo que me hace falta.
Y después de hacer mis sueños añicos, después de prometerme un "nosotros", después de todo, se fue, se fue como otras veces se había ido, y no miró atrás, se fue dejándome sola. Se fue y sin darme cuenta, que lo había perdido, sin tiempo a salvarlo, a retomar todo lo que vivimos. Sin darme cuenta se fue, y no recuerdo sus abrazo, sus manos o sus piernas. Me dejó su aroma pegado y se fue, dejándome en un vacío completo. Echándote de menos, otra vez, de nuevo.
Podría darle una palabra a todo esto. Quizás: obsesión, tal vez: la vida, o puede que: Amor. Fuera lo que fuese, un sentimiento demasiado importante para quitarle sentido con palabras.
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