irritadas las mejillas, de que las lágrimas ya no calman, escuecen.
Llevo días intentando rascar el picor del corazón que quita tu huida,
lleno de razones por las que saliste de aquí que hasta yo justifico.
No sé si lo que más me duele es saber que ya no habrá más promesas,
aunque no se cumpliera ni una.
O no poder acurrucarme en tu hombro una noche más.
Cuando el apoyo se va, se caen los cimientos,
¡y a ver, quién coño construye ahora un palacio en ruinas! Con lo caro que sale eso..
Voy a ir limpiando poco a poco los escombros que dejaste, sin interrupciones al andar.
Cuando no quede nada, no edificaré, plantaré un gran árbol sólido, cerca de la playa, ya sabes,
y le colocaré a tus ruinas una hamaca doble para poder dormir con la conciencia tranquila.
Te dejaré la entrada libre, por si algún día decides volver.
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