Entre olas se ve el surfista, resplandece por los rayos del sol y las dulces palabras que grita a las olas se confunden entre frescas risas.
En poco tiempo ha desaparecido, transportado por esa ola mucho más dura que es el hablar incandescente de la gente. En aquel momento odia al mar tanto como antes lo amaba y se pregunta: "¿A dónde habrá ido a parar su amor por él?, ¿Cómo es posible que ya no lo pueda sentir y sin embargo parecia inmenso como el mar mismo?". Cuando sale de aquel remolino de agua intensa, intenta refugiarse en una oscura y quizás segura cueva.
Al ver que ha perdido el sentido el color del mar, agacha en silencio la cabeza timidamente y una lágrima ingenua le resbala por la mejilla, se detiene indecisa un instante en la barbilla, sin saber si seguir hacia abajo y mezclarse con el mar. Empujada por el dolor, efectúa un salto en el vacio.
La rabia se apodera de sus ojos negros y sin saber por qué piensa ideas sin palabras, intenta que el llanto acuda a nublar sus pupilas, intenta olvidar el pasado y camina hacia el sol. Los invisibles átomos del aire le acarician el pelo y la tierra se estremece alborazada.
Mientras, las ondas de la luz reflejan en el mar el beso lanzado a las estrellas que aún no se ven.
En poco tiempo ha desaparecido, transportado por esa ola mucho más dura que es el hablar incandescente de la gente. En aquel momento odia al mar tanto como antes lo amaba y se pregunta: "¿A dónde habrá ido a parar su amor por él?, ¿Cómo es posible que ya no lo pueda sentir y sin embargo parecia inmenso como el mar mismo?". Cuando sale de aquel remolino de agua intensa, intenta refugiarse en una oscura y quizás segura cueva.
Al ver que ha perdido el sentido el color del mar, agacha en silencio la cabeza timidamente y una lágrima ingenua le resbala por la mejilla, se detiene indecisa un instante en la barbilla, sin saber si seguir hacia abajo y mezclarse con el mar. Empujada por el dolor, efectúa un salto en el vacio.
La rabia se apodera de sus ojos negros y sin saber por qué piensa ideas sin palabras, intenta que el llanto acuda a nublar sus pupilas, intenta olvidar el pasado y camina hacia el sol. Los invisibles átomos del aire le acarician el pelo y la tierra se estremece alborazada.
Mientras, las ondas de la luz reflejan en el mar el beso lanzado a las estrellas que aún no se ven.

No hay comentarios:
Publicar un comentario